Ayer me costó dormirme a horrores. De estas veces en las que estás a punto y algo te despierta. Tengo un careto inaceptable, que junto con las ganas que tengo de irme a casa, son el cóctel molotov perfecto para que me de un chuki.
Todavía no ha llegado nadie. Estoy solita. Sé que la paz de mi único tecleteo va a durar unos segundos. Ya empiezan los correos de los becs, con multitud de signos de exclamación. Llega mi jefe, empiezan a aparecer compis... se meten con mi camiseta de botones: que si hoy te van a tocar los botones, que a ver cuando te desabrochas los botones, que debajo de un botón tón tón...
El hortera de la camisa de lino, hoy se ha plantado una camiseta rosa, del rosa más feo que he visto jamás. Llega Deivi. Mi odio mañanero se hace presente. El patoso acaba de tirar todo el líquido de las lentillas en el teclado. Aparece la señora con más energía del mundo. La llamada a su marido, la llamada a su hijo, la charleta con la de en frente, contándole todo lo suyo.
Empiezan los móviles. La primera sinfonía ni si quiera es polifónica. Mi compi Pedro se empieza a meter con Espe. Primera conversación política de la mañana. Pasa sin pena, ni gloria. Ninguno tenemos fuerza para rebatirle. Mensaje al móvil. Quién quiere hablar conmigo? Telefónica! Qué majetes, consumo límite superado.
Empieza el movimiento, que si te quito el boli, que si vamos a por un café, que si lléname la botella, que si suena el teléfono... bueno esto último todavía no ha pasado, pero pasará. Me tengo que quitar el reloj. Últimamente, me está dando alergia.
Me acuerdo de la cerveza de ayer. Estaba sola en ese bar. No tenía ganas ni de tomármela. Pero ella, sí que quería entrar en mí. Ella quería que yo la degustara. Su sabor me invadió la boca, recorrió mi cuerpo y refrescó mi espíritu. La jarra más grande del mundo estaba en mi mano. Y a todo esto la más grande, muerta... y no me refiero a Rocío.
Hoy sería de los días, en los que podría escribir hasta que me dolieran los dedos. Sin sentido, sin ton ni son. Sólo escribir. No contando nada interesante. No haciendo de la escritura algo bonito. Pero no os preocupéis, que todo tiene su fin. Éste está cerca. Aunque si este escrito no es perfecto, recordad que es que entonces... no he terminado.