jueves, junio 08, 2006

Érase una vez una niña pequeeeñiita, en plan pulgarcito, pero con más mala leche. Esta niña, llevaba una temporada, en la que todos los helados se la deshacían. Por mucho que comprase helados de fresa, chocolate, vainilla, de cucurucho o de tarrina, todos terminaban entre sus dedos. Maticemos, entre los dedos de los pies.
Y un día, llegó el lobo y se comió el helado, la tarrina y los dedos de la niña para que no se le volviera a escurrir el helado. Maticemos el lobo era un usuario. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.