Después de pocas reflexiones sobre este año, no me gustaría hacer resumen de recuerdos. Me gustaría hacer propósitos para el que viene. Hoy es uno de esos días en los que me siento tremendamente contenta con la vida que llevo. No me sobra ni este puto dolor de cabeza. Haciendo más memoria, creo que ha sido otro año de transición. De cosas oscuras, oscuras clarito, de no pensar o de hacerlo demasiado. Cada día me reafirmo, y sin usar ningún tónico. Si me pierdo, sé que tengo todo el tiempo del mundo para encontrarme. Me encantan las noches de insomnio intencionado. Creo que me siento cómoda a todos los sitios que voy. Tengo ganas de dar abrazos a tristes desconocidos y pedirles que se vengan conmigo de cañas. Las confesiones en Nueva York, en Berlín, en el Escorial, son siempre las mismas. La gente cambia, pero yo cambio con ellos. Supongo que darse cuenta que uno va creciendo... mola.
Esto es, como el operador de móvil. De un plumazo, una portabilidad, y me vengo arriba... o abajo. No es cosa mía que conste. Me rodean claros casos de esquizofrenia paranoide, no reconocidos clínicamente.
Tengo que arreglarme y salir a al calle. Venga coño! que es la última mañana del año. Solo tienes que levantarte, vestirte y salir a por el regalo del amigo invisible. Veeeeeeeeenga, que te dejo que no te duches, eh! pero los dientes no pasan! Por qué mataría a la de la oreja de van gogh? Bueno no hagamos este tipo de preguntas en estos momentos tan comprometidos. Que todos los años haya alguien para odiar, y muchos para querer.
Espero que el proceso de maduración, nunca llegue a su fin. En este mundo de miserias, creer que se está pasando por la época más feliz de la vida, parece pecado. Pero hoy no quiero más sarro en mi vida, ya tengo suficiente en mi boca ;)
Feliz año, y feliz vida. Esta noche troquemoche...
