miércoles, septiembre 26, 2007

Parece que mis pensamientos tartamudean y no terminan de hablar.
Ayer estaba triste y una buena onza de chocolate, hizo lo que el cariño tardaría días en mostrar, una sonrisa. Me refugié en los libros, que son libres, y estuve dando una vuelta por la biblio a ver que pillaba para leer. Al final me decidí por Javier Marías. En cuanto me leí la primera página de 'Corazón tan blanco' supe que no se merecía que yo estuviese de pie, apoyada en la estantería, abriendo aquella obra como si de un plano de metro se tratara. Lo devolví a su sitio, y salí de allí lo más rápido que pude. Estaba claro que no tenía el día. Me dio miedo. Hacía mucho tiempo, que no me ponía delante de un libro que me diese pánico.
Cuando llegué a casa me quedé dormida. La siesta del burro a las 7 de la tarde. Realmente pienso que me desmayé.
Tuve un día raro, y hoy Madrid no hace más que vomitar gente. Debe ser por eso, que no me siento tan sola.

jueves, septiembre 20, 2007

El otro día, leyendo uno de los cuentos de Gabriel García Márquez, me sorprendió que hablase de números. Venía a decir, que todo el mundo tenía un número favorito, y que ese número era el 7. Por supuesto, él eligió otro para intentar ser más especial que original.
El atractivo del número 7 es un misterio. Aunque yo, hace más de veinte años (creí que esta cifra la diría cuando tuviese 40), desarrollé mi propia teoría. Digamos que en un momento de aburrimiento extremo de mi infancia, empecé a pensar en las relaciones de los números. No como Einstein, sino más bien como Corín Tellado. Pensaba que el 3 y el 7 estaban hechos el uno para el otro. Pero siempre venía el 4, que era como la chica guarrona, que se interponía entre ellos. El 1 y el 2, eran los padres del 3. Y el 5 y el 6, eran los papás divorciados del 7. El 8 y el 9, eran comodines. Actuaban como extras, de amigos feos del 7. También el 9 podía ser el otro gallito con quien peleaba el 7 por el amor de su 3.
Paranoias infantiles que marcan toda una vida. Creo que puedo afirmar, que la excesiva televisión que captó mi mente en aquellos momentos tuvo mucho que ver. Desde entonces digo 7 en todo. Número favorito, año en el que estamos, estados del chakra, copas de una noche, inquietudes de mi cabeza, años que tengo... El siete es guachi! Además 1+1 son 7! Qué lo dice el Perea!
Esto debe ser consecuencia, de que soy una mujer 3, y que para llegar a la perfección lo necesito...
Vuelve a casa pronto Sietix.

miércoles, septiembre 19, 2007

He de decir, que soy sabinera desde la primera vez que escuché a Don Joaquinito. Con su voz de resaca perpetua, me conquistó. Por aquella época todavía no estaba consagrado. Ahora, tan viejo como siempre, sigue enamorando a los mismos y jodiendo a los demás.
Serrat, es más amiguito de todos. Consigue que todas las mujeres que conozco, quieran llamarse Lucía. Los versos de Machado encuentran su representante ideal. Y Penélope deja de ser Hollywoodiana para recuperar su gracia griega.
Los dos cracks unidos hicieron que la noche de ayer fuese inolvidable. Sólo imaginarme, que cada uno de los que estábamos allí teníamos una canción que era parte de nuestra vida... Se me ponen los pelos como escaaarpias!
Es para dar las gracias. Me hicieron sentir muy bien. Me gustaría haberlo compartido con todos, y creo que en el fondo lo hice.
Ayer me llamaron cosa... 'esta pequeña cosa', os dice buenos días.

lunes, septiembre 17, 2007

Los Ronaldos y yo estamos condenados a no entendernos.
Ayer la final de España se interpuso en nuestro camino, igual que los rusos, igual que las putas legañas de mis ojos.
Me voy de fin de semana, y parece que mi grupo de colegas se deshace como el azucar en el café. A base de darle vueltas, y vueltas, todo termina consumiéndose.
Supongo que era algo que se veía venir.
Los inviernos son duros, y cuando alguien no se siente a gusto, lo mejor es encerrarse con un buen libro de lingüística en casa. Las cosas me gustan claras y el chocolate fumarmelo. A veces me empatizo demasiado con los problemas ajenos, pero en el fondo soy simple. Salgo a decir burradas, a pasarmelo bien, a ver quien se ríe más y quien consigue dar la vuelta a la tortilla que se ha estrellado contra el suelo.
Supongo que nada volverá a ser como antes. Me refiero a un antes, mucho posterior al último año. Ahora puedo decir que no me importa.
Este email, no creo que levante más ampollas de las que están reventadas. Mi sentimientos son como un icerberg. Sólo muestro la punta, pero son transparentes.
Cuando tu hermana te lleva al cole con 7 años disfrazada de punki, te prepara para que te la sude lo que la gente piense de ti.
Yo sé que os quiero muchísimo, vosotras pensad lo que os de la gana.
En chinchón mortal combat de este viernes sigue en pie.... Y tendré cortinas!... pero la pregunta es... y amigas?

jueves, septiembre 06, 2007

Hay un montón de cosas que se vuelven inevitables al paso del tiempo. Se encuentran entre los gritos y el querer. En ese espacio en que el amor y odio ocupan la misma habitación, el mismo colchón y en el fondo, la misma mente.
Darnos la espada en la cama, chillar como se acabase el mundo, romper algo del otro, ver pelos y más pelos en el baño, discutir por lavar los platos, insultarnos, hincharnos a llorar de mentira... o de verdad, pelearnos por el ordenador, por el mando de la tele, por quien tiene más manta, por un sillón o un armario o un cuadro (todos ellos horribles), pensar que es un día malo o que es el final, perder los papeles cada vez más, sacar las cosas de quicio, no saber nunca cuando parar...

Sin embargo, alguien me dijo, que todavía me querías.

martes, septiembre 04, 2007

Ayer me encontraba mucho más positiva. Estos sentimientos refuerzan mi teoría que los martes son el peor día de la semana. Noto que los días son más cortos y que la jornada partida es un retraso que debería estar prohibido en algún estatuto que desconozco.
El finde pasado ha sido memorable. Y viendo los marrones que se me vienen encima este mes, me quiero cortar las venas o que me metan un tiro. Pero entre tanta tormenta indeseable, aparece una luz en la tempestad. Un faro que se llama Marrakech. A ver si pillamos los billetes ya que me va a dar un síncope. Es alucinante. No sé si quiero estar en el desierto eternamente. A lo mejor me encuentro allí a mi misma. Como el principito... a lo mejor me encuentro con él.
Y le despertaría, le pintaría un cordero, y le diría, 'buenos días'.