Hay un montón de cosas que se vuelven inevitables al paso del tiempo. Se encuentran entre los gritos y el querer. En ese espacio en que el amor y odio ocupan la misma habitación, el mismo colchón y en el fondo, la misma mente.
Darnos la espada en la cama, chillar como se acabase el mundo, romper algo del otro, ver pelos y más pelos en el baño, discutir por lavar los platos, insultarnos, hincharnos a llorar de mentira... o de verdad, pelearnos por el ordenador, por el mando de la tele, por quien tiene más manta, por un sillón o un armario o un cuadro (todos ellos horribles), pensar que es un día malo o que es el final, perder los papeles cada vez más, sacar las cosas de quicio, no saber nunca cuando parar...
Sin embargo, alguien me dijo, que todavía me querías.
Darnos la espada en la cama, chillar como se acabase el mundo, romper algo del otro, ver pelos y más pelos en el baño, discutir por lavar los platos, insultarnos, hincharnos a llorar de mentira... o de verdad, pelearnos por el ordenador, por el mando de la tele, por quien tiene más manta, por un sillón o un armario o un cuadro (todos ellos horribles), pensar que es un día malo o que es el final, perder los papeles cada vez más, sacar las cosas de quicio, no saber nunca cuando parar...
Sin embargo, alguien me dijo, que todavía me querías.

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