viernes, mayo 14, 2010

Llevo ya bastantes viernes, que por el simple hecho de serlos, me obligo a escuchar como primera canción del día el 'Born to run'. Suele ser muy efectiva para empezar a reconstruirme y enfrentarme al fin de semana.
El caso es que hoy no es que me encuentre mejor que el resto de la semana. Ayer no tuve un buen día y todavía no me he recuperado. Parece que está prohibido estar triste un viernes, pero así me siento. Son las putaditas de las hormonas.
Me imagino que esta noche se me quitarán todos los males. Me vendré arriba en el segundo acorde...
Sabéis lo que he pensado? Que me gustaría amanecer mañana en la playa. Si supiese conducir creo que esta noche me liaría la manta a la cabeza y me iría a ver el mar. Un amanecer tranquilo, de esos en los que agua parece una tacita de te. Vería algún abuelete paseando y me sentaría en una duna esperando a que el sol me calentara. Me descalzaría e iría despacito caminando hacia la orilla.
Seguro que haría frío. En las orillas el aire siempre es diferente. Me imagino una corriente circular que recorre el mundo. Respirando todos los océanos, parece que la brisa te traspasa y se lleva todo lo malo. Y seguro que me sentiría bien. Mi padre dice que el mar lo cura todo. A veces pienso que si hubiésemos tenido una casa en la playa, se hubiera portado mejor. No hubiese ganado la cojera y hubiese vencido el ánimo. Al menos le sirvió de motivación para seguir adelante. Es raro, pero en eso nos parecemos.
Me seguiré inventando que me quito la arena de los pies y que me vuelvo a mi silla.
Y ahora vosotros, sí que veréis mi sonrisa de buenos días... y detrás de estas letras, podréis ver el mar.