lunes, marzo 29, 2010

Empezamos la semana cerrando etapas, puertas, 'métodos' de vida.
Tener un sitio de reunión, es fundamental para un grupo de amigos. Los cavernícolas utilizaban sus cuevas y hoy en día, irían a un bar de la calle Toledo.
Es evidente que me da pena. Han sido muchas noches de rises y de copes. Mikelo es un tío bueno. No me refiero a que esté bueno, que pa gustos los colores, pero se le ve noble. He tratado lo justo con él. Es más, no le conozco de nada. No importa. Me ha dejado un buen sabor de boca. A veces conoces a gente de toda la vida, que no sabes ni a qué saben.
Cuando vi bajar el cierre del bar, fue como si cayera el telón del teatro. Todos los personajes, todas sus historias, los ligues, las conversaciones privadas, los bailes públicos... Gente a la que no vuelva a ver nunca, esos amigos nocturnos que son como de patata durante unas horas. Esas noches viejas y buenas, con sus dardos y flechas, pero flechas de las que hacen daño, de las de cupido. La terraza, las cañas, la escalera que guarda más pasos para atrás que para delante, el baño más transitado del mundo, las paellas, las miradas... Cuantas palabras dichas se llevan esas paredes, aunque dudo que sean más que las pensadas. Ratos dulces y divertidos, sifones compartidos, descojonamientos colectivos y algún que otro mal trago. En definitiva, momentos inolvidables que pasarán a engordar la lista de cada uno de nosotros.
Gracias por darnos un sitio de confianza. Mira que habré renegado veces... pero lo que daría por tomarme una caña... la última caña con vosotros. Creo que siempre es bueno quedarse con ganas de más. Aunque señoras y señores esto es teatro de la vida, y el show, debe continuar.
Buenos días y hoy más que nunca, nos vemos en los bares.