lunes, febrero 01, 2010

Si os contase el momento en el que se me ha roto el pantalón esta mañana, tendría que empezar a hablar de cosas que no me gustan: Mi tripa, mi cuerpo, mi yo...
Así que, comenzaré la semana hablando de Carlos Vermut, el reencuentro. Y direís, quien cojones es este pavito? Pues era un compañero de Instituto de los más frikis que recuerdo. La verdad es que me llevaba de puta madre con él. Era como una más sin ser gayer. Eterno enamorado de Raquel, se escondía detrás de unas patillas enormes que ocultaban su cara de niño.
Ayer mientra cagaba le vi. Estaba en la típica revista que lleva empolvada un siglo debajo de la mesa. El Carlitos se ha hecho famoso! Una cacho de foto enorme donde se notaba que todos crecemos, pero que hay ojos que siguen con el mismo color que siempre. Me alegró ver que alguno de nosotros cumplió sus sueños de adolescencia y que algo tan poético como el arte, puede dar de comer.
Por consecuencia, reflexioné qué coño había sucedido con mi vida durante este tiempo. Di por hecho que la falta de motivación era uno de mis puntos débiles y no haber tenido ninguna pasión material uno de mis defectos. Mi anterior jefa me acusaba de tener poca de ambición. No quiero entrar a valorarlo...
Me está empezando a entrar ese odio mañanil, tan típico en mí. Esas ganas de matar a la gente y de abofetearla hasta que me duelan la manos. Me alegro. Esta fobia antisocial me alimenta para seguir adelante. Éste no es mi sitio. Después de 12 años de meditación, parece que tengo algo claro.