viernes, febrero 12, 2010

Conozco a una señora que está en el hospital.
Esta señora se pasó gran parte de su vida viviendo en un sótano en la misma Puerta de Toledo. Mientras repasaba las lecciones con su hijo, veía pasar los pies de la gente. Imaginaba sus caras, sus vidas... Vivía las discusiones y correteos que se traían los enamorados. Comprobaba que los bastones podían formar parte de un caminar. A veces se entretenía en el ir y venir de las ruedas de bicicletas o con el triciclo de algún crío. Siempre veía zapatos diferentes, aunque algunos les resultaban muy familiares. Nunca confundía ni las zapatillas de su hijo, ni los mocasines de su marido.
Ella parece que nació con unos zapatos de tacón. Siempre he pensado como una cosa tan pequeña se podía sostener en aquel columpio. Me encantaba que viniese a casa. Siempre jugábamos a las cartas y se metía con mi abuela, y yo me reía mucho. Me parecía que nunca estaba triste y yo rabiaba por no poder pasar más tiempo con ella.
Ahora sus tacones de aguja están guardados en un armario. Su hijo vive en Salamanca y su marido lleva 30 años muerto. Entiendo lo sola que ha estado desde que se mudó a 'Zarzaquemada'. Lo fuerte que ha sido. Nunca ha hecho un reproche a su hijo, ni ha hablado del abandono encubierto en el que estaba. Era pura autonomía e independencia.
Hace unos días ingeresó en urgencias. Un coágulo en la cabeza la ha dejado sin habla y con las manos de trapo. Por qué tenemos que llegar a esto?
No me quiero morir, ni quiero que los demás se mueran. Jacobo dice que cuando seamos mayores y empecemos a estar mal, nos tomaremos una pastillita y nos iremos al mundo de los churris.
Entretanto que nos hacemos mayores, hay que aprovechar la vida. Qué mejor que empezar por hoy. Es viernes, soy joven y tengo ganas de reír. Espero que tengáis un buen día, pq la buena noche os la daré yo.