Llevo unos días preguntándome, porque a la gente de vuelve loca la nieve. En mi caso, nunca he ido a esquiar, ni me he metido ningún tirito (jeje, si no lo digo reviento), pero me gusta.
Es como si un gran batido de nata se hubiese esparcido por las calles y todo el mundo quisiera jugar con él. La gente se lía a bolazos, escribe sus declaraciones de amor, en definitiva, aprovecha para volver a ser un poco más niños. Quizá éste sea uno de sus atractivos.
Aunque creo que su verdadero truco es la fugacidad. Entre que en Madrid nieva poco, y que nunca cuaja... se parece al típico ligue de una noche genial, que aparece y desaparece como el Guadiana. Siempre te deja tieso porque no puedes evitar acariciarle. Te ilusiona y piensas en lo guay que sería poder quedar un domingo con él. Pero en medio de la emoción, te resbalas y te metes una hostión, que te deja empapado en algo más que lágrimas.
Quizá hoy también nieve, quizá también le vuelvas a ver...
De mi parte le dices una cosa: después de la noches nevadas, no cuesta tanto dar los buenos días.
Es como si un gran batido de nata se hubiese esparcido por las calles y todo el mundo quisiera jugar con él. La gente se lía a bolazos, escribe sus declaraciones de amor, en definitiva, aprovecha para volver a ser un poco más niños. Quizá éste sea uno de sus atractivos.
Aunque creo que su verdadero truco es la fugacidad. Entre que en Madrid nieva poco, y que nunca cuaja... se parece al típico ligue de una noche genial, que aparece y desaparece como el Guadiana. Siempre te deja tieso porque no puedes evitar acariciarle. Te ilusiona y piensas en lo guay que sería poder quedar un domingo con él. Pero en medio de la emoción, te resbalas y te metes una hostión, que te deja empapado en algo más que lágrimas.
Quizá hoy también nieve, quizá también le vuelvas a ver...
De mi parte le dices una cosa: después de la noches nevadas, no cuesta tanto dar los buenos días.

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