viernes, agosto 01, 2008

Persianas bajadas, guardan la ausencia de sus dueños. Poco a poco se van abriendo las puertas hacia el descanso, la diversión... el sueño de cada verano.
Tengo la mala suerte, que siempre veo a los que se van, nunca a los que llegan. Y muero de envidia. Bueno no es exactamente envidia, es impaciencia. No veo el momento de meterme en el coche Pepil, con música a tope cual poligoneras camino del Sur. Echar tierra de por medio, abandonar Madrid y saborear ese momento de intimidad que tanto me reconforta: Esa mirada al mar.
No tiene pq ser el primer día, o después de la primera juerga. No sé, cada uno tiene su tiempo. Pero esa mirada llega. Y no escuchas a nadie... y parece que estás solo en la playa... Y al menos en mi caso, me da la sensación que te estás mirando aquí adentro (me doy golpecitos en la tripa). Haces un breve resumen de lo que llevas de año, y de los planes que aún te quedan. De los baches, de los cambios, de todas las cosas que te encuentras por el camino. Recuerdas la gente que no está. Todas sus risas, sus sonrisas, sus abrazos... Y miras a las caras conocidas de alrededor... Y te dan, no sé... Balooones y toooaaaallaas :) No a ver, te dan como muchas ganas de gritar, y de llorar, y de volver a gritar... pero como eres estúpido y te da vergüenza, pues no lo haces!!
... y por un momento... por un puto y miserable momento... mientras ahogas el grito, simplemente, eres feliz.
No sé si estoy muy moñas, pero me estoy emocionando con el asunto. En fin, que buenos días, que estos se han pirado a por un café y aquí me he quedado yo, mirando al mar. Un besazo.