lunes, abril 14, 2008

A pesar de estar de síndrome premenstrual, me encuentro extrañamente feliz. Las hormonas son la bomba. Son como incontrolables espermatozoides perdidos y atolondrados en el interior de un preservativo.
Lo mejor del fin de semana, el momento de paz de por las mañanas. Ese levantar en soledad, ese café con los pelos revueltos, ese QMD esperándome en la mesa de la salita... joder me encanta ese hacer nada.
Sólo me acompaño yo a mi misma. De vez en cuando alguna llamadita para contarnos la resaca y poco más. Unos días me rescatan las cañas de a medio día, pero otros me atrapa el sofá, y perreeeeea, perreeeeea... Es la molicie en su magnitud. La pereza en su grado extremo.
Desde la melancolía que me producen estos bellos recuerdos, voy a sonarme los mocos. A ver si de paso me espabilo y me doy cuenta que ya estoy en el currele, que es lunes, y que toca estar de mala leite. Pero no por nada, simple tradición.
Besos de mermelada de fresa de la que hace mi madre. (Si algún día la probáis, comprenderéis las calidad de estos besos).