Ayer se me ocurrió ir a mi clase de grecolatina, con aquel profesor octogenario y borrachín. Cuando llegué no había vuelta atrás, éramos dos y el apuntador.
La otra que no era yo y el apuntador, estaban hablando de los benedictinos. Luego del camino de Santiago, y más tarde, empezaron a criticar Madrid. Hasta entonces había permanecido callada, a ver si en algún momento se reconducía la conversación hacia los romanos que era lo que tocaba. Pero cuando empezaron a meterse con la gran ciudad, dieron con hueso.
Madrid no es tan mala, tan deshumanizadora, tan peligrosa, tan caótica como decían. Está claro que si vienes de hacer el Camino, el primer coche que se te cruza es como si te hubieran escupido en la cara. Pero no por eso hay que renegar de la gran dama.
A mi me cuesta decir que es bonita. Pero lo del ruido y las luces de neón es algo adictivo. Tiene que ver algo con el magnetismo, los polos, la dualidad... Tiene que ver mucho con los dos versos más grandes de la literatura latina: Odi et amo. Quare id faciam? fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. (Odio y amo. ¿Cómo es posible?, me preguntas. No lo sé, pero siento que es así y me atormento.)
Catulo describía así su amor por Lesbia, cuando se enteró de que le era infiel. Sin darse cuenta, de que esos versos podían ser aplicables a cualquier tipo de pasión.
Pasión como la que siento por Madrid. Qué grande Catulo!
La otra que no era yo y el apuntador, estaban hablando de los benedictinos. Luego del camino de Santiago, y más tarde, empezaron a criticar Madrid. Hasta entonces había permanecido callada, a ver si en algún momento se reconducía la conversación hacia los romanos que era lo que tocaba. Pero cuando empezaron a meterse con la gran ciudad, dieron con hueso.
Madrid no es tan mala, tan deshumanizadora, tan peligrosa, tan caótica como decían. Está claro que si vienes de hacer el Camino, el primer coche que se te cruza es como si te hubieran escupido en la cara. Pero no por eso hay que renegar de la gran dama.
A mi me cuesta decir que es bonita. Pero lo del ruido y las luces de neón es algo adictivo. Tiene que ver algo con el magnetismo, los polos, la dualidad... Tiene que ver mucho con los dos versos más grandes de la literatura latina: Odi et amo. Quare id faciam? fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. (Odio y amo. ¿Cómo es posible?, me preguntas. No lo sé, pero siento que es así y me atormento.)
Catulo describía así su amor por Lesbia, cuando se enteró de que le era infiel. Sin darse cuenta, de que esos versos podían ser aplicables a cualquier tipo de pasión.
Pasión como la que siento por Madrid. Qué grande Catulo!

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home