miércoles, noviembre 14, 2007

No tener sueño, es algo normal.
A veces, a uno le cuesta dormirse y te encuentras en mitad de la noche, repartiendo arena del desierto para tus compañeros de viaje.
Marruecos es impactante. No creo que deje indiferente a nadie. Es como ese hombre que tiene caracter, al que odias y deseas al mismo tiempo. La vida allí es seca y dulce, como sus pasteles. He visto rincones y personas imposibles de olvidar. No me extraña que esa cultura haya inspirado las mil y una noches... esas estrellas, esas risas en la azotea de algún tejado, esa voz del imán llamando a la oración a las cinco de la mañana...
Han sido muchas cosas. Una sobredosis de sensaciones nuevas. Ahí quien piensa que son huellas de compasión. Rastros caritativos, que se quedan sin más en el fondo de una taza. Supongo que será difícil analizarlo. No creo que haya sido sólo eso. El balance del viaje está por llegar. Lo único que espero es que no me quite más noches de sueño.