miércoles, octubre 24, 2007

Hoy tengo una historia que contar. Os va a sorprender, porque desata un sentimiento que nunca había encontrado antes, por mucho que hubiera buscado.
Ayer venía bastante más dormida que hoy, y en el ruido del semáforo de Sta Casilda, me pareció oír algo más que el pitido de los ciegos. Lo achaqué a mi falta de claridez mental en aquellos momentos. De vuelta, cuando fui a comer a casa de Mamá Laus, toda la gente de la calle estaba pendiente de un coche. La chica de la fotocopiadora, no hacía más que darle patadas a su rueda delantera, y yo no entendía nada. Pensé, movida pasional. Pero escuché el motivo de toda aquella espectación... Un maullido intermitente salía de aquel coche. Digamos que la ruda chica de la fotocopiadora, se había propuesto sacar al animal, aunque tuviera que tunear la chapa.
En aquel momento sentí indiferencia. Bueno, no... Me hubiese gustado que hubiera llegado el dueño del carromato y se hubiera liado a patadas con la gorda. Pero la comida me llamaba y tampoco estaba para perder el tiempo. En mi regreso, ese gato y yo tuvimos un bis a bis. Ya no había nadie pateando su casa, pero su miau continuo chirriaba en mis oídos y quise salvarle. Empecé a investigar todos los ángulos posibles, y se calló. Eh! puto gato, te estoy haciendo el favor de tu vida para que no te ahogues ahí dentro y tú te callas! Hice de garrula y me fui dando una patada al tapacubos, pensando que aquel gato era un capullo o se había muerto.
Esta mañana me ha llamado. Seguía ahí dentro. Podíamos abrir un bar que se llamara 'el gato de la parte de dentro del coche'. He pensado que tendría mucha sed. Y que seguramente tendría enganchada cualquier patita, o quizá el cráneo... En fin, que me ha dado mucha penita y quiero rescatarlo.
Lo llevaría al hogar le daría leche calentita, y luego buscaría alguna asociación de animales, que lo tratasen medio bien. Pero cómo narices puedo sacar al gatito de ahí? Quiero dejar claro, que este gesto de amor hacia el reino animal, es sólo un gesto. No es que ahora, vaya a querer a los animales ni nada por el estilo. Ellos en su mundo y yo en el mío. Pero es que no sabéis como maullaba... Agustín está entrando en mi, cada vez con más fuerza. Joder qué moñas soy!