miércoles, octubre 31, 2007

Cuando llega a clase un profesor octogenario y borracho, puede trasladarte a épocas que nunca había podido imaginar:
Grandes vasijas de vino invaden las manos de los más fuertes. Tumbados, la noche se cierra. Cena copiosa sin ánimo de moverse. Cuatro griegos se disponen a esperar al alba bebiendo.
'Un hombre siempre debe beber en compañía' dijo Pepérides, mientras miraba al infinito, buscando la luna para regalársela a alguien. 'El vino es el elemento que lleva a socializarse, que acompaña en las veladas, que hace agradable una conversación y dulce una risa. No creo ni que el agua, que tan necesaria es para el hombre, pueda hacer otra cosa que suavizar sus matices, para no adquirir el éxtasis de los dioses'.
Saustrón, fiel amigo, vertió un vaso más de agua en la vasija, sin que su colega lo mirara.
'Despiecen un ramo de uvas. Toquen la madera. Sientan la fuerza de la tierra. Desgarren una de las jugosas esferas que lo componen. Sientan el tacto de la pasión, la explosión de sabor, la ruptura de lo prohibido. El poder de un vaso de vino vuelve los océanos en charcos, y en profundos los pensamientos en vanas miradas propias de un imbécil.'
Todos los asistentes, admiraban embelesados el parlamento del maestro. Pero la juventud de Nestor, se manifentó de la siguiente manera: 'Y tanto que hablas de ese maravilloso líquido que tienes entre las manos, me cuesta pensar que el disfrute no sea mayor en la soledad de una habitación, escuchando los sonidos de la noche, siendo más hedonista que egoísta y creyéndote dueño de eso océanos de los que hablas'.
La cara de Pepérides se quebró: 'Nunca se debe beber solo. Eso es de borrachos, deplorables, gente infeliz, oculta en la sombra, que no cumple con la raza de humano. El vino es la excusa, y la coversación que tenemos es el motivo. Para un hombre solo, se invierte este principio, y todo se vuelve prisa, urgencia, desasosiego.' Alzó la vasija para beber de nuevo. Paladeó, y notó el toque de Saustrón. Mirada cómplice y parlamento decidido, prosiguió. 'Lo que trato de inculcaros, es que esto que tengo entre las manos, algo magnifico, ayuda a las conversaciones inteligentes. Al trato con un igual. A disfrutar, sin embriagar los sentidos. Potencia la importancia de la vida compartida, en comunidad. No sabéis lo importante que es el diálogo todavía, Néstor...'
Pasaron las horas, y la luz de la mañana vino a devolverlos a su Atenas natal. Cada uno partió a su hogar, y a Pepérides, lo tuvo que ayudar Saustro a llegar a su cama. 'Tú y yo sabemos viejo amigo, que esta noche te has llamado infeliz a ti mismo'. Con un vidrio en los ojos, Pepérides balbuceó 'El engaño es tan hermoso como el color de este vino, como la sangre que corre por tus venas, como esa luna que todavía guarda los colores del sol... El engaño es el vino aguado que me has dado consciente de mi embriaguez. El engaño son estas gracias, queriendo más del licor de la vida... más licor de mi vida.' Y cerrando los ojos quedó su cabeza en brazos de un Saustro, que mirando al infinito, buscaba algún sol, para regalárselo a su amigo.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Que suerte tiene Peperides de tener un amigo como Saustrón... seguramente Peperides nunca pueda alcanzar todas las lunas que se merece para regalarselas a quien vela por él. Es un placer leerte cada mañana, es un placer poder disfrutar de tí.

11:58 a. m.  

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