El calor puede volver loco a cualquiera. Marea, destruye, incendia y termina consumiendo. Esta noche ha sido demasiado calurosa. Despertarse a las 2 de la mañana con la ventana abierta y sudando como si tuviese fiebre, era algo que había olvidado.
Este verano no ha hecho nada de calor, y que venga de sopetón las bolsas de aire caliente del Sáhara, la ola de fuego africano y el mismísimo puto Diablo a Madrid, me hace pensar que el cambio climático debe estar afectando hasta en el infierno.
Mi piel es blanca y me gustan los helados en invierno. Odio las pecas, y estas bajadas de tensión producto de esta quemazón que me rodea. Lo de irse a O'Grove, en un principio no me convencía por la temperatura. Pero tengo ganas que llegue el miércoles y de pisar tierras gallegas. Espero poder ir todos los días con chaqueta y disfrutar de este maravilloso constipado que me he agenciado, en temperaturas inferiores a los 28 grados.
Noto que el aire, ha comenzado a funcionar. La vida vuelve poco a poco a mi cuerpo. Mi garganta se empieza a resecar y el bochorno se transforma en un falsa cortina de aire frío. Me despejo y me vengo a bajo. Los últimos días de trabajo suelen ser los peores. Alguien me empuja a ir a por un café. Con calor o sin calor, creo que es lo que necesito. Buenos días pues, y a darle a la tecla.
Este verano no ha hecho nada de calor, y que venga de sopetón las bolsas de aire caliente del Sáhara, la ola de fuego africano y el mismísimo puto Diablo a Madrid, me hace pensar que el cambio climático debe estar afectando hasta en el infierno.
Mi piel es blanca y me gustan los helados en invierno. Odio las pecas, y estas bajadas de tensión producto de esta quemazón que me rodea. Lo de irse a O'Grove, en un principio no me convencía por la temperatura. Pero tengo ganas que llegue el miércoles y de pisar tierras gallegas. Espero poder ir todos los días con chaqueta y disfrutar de este maravilloso constipado que me he agenciado, en temperaturas inferiores a los 28 grados.
Noto que el aire, ha comenzado a funcionar. La vida vuelve poco a poco a mi cuerpo. Mi garganta se empieza a resecar y el bochorno se transforma en un falsa cortina de aire frío. Me despejo y me vengo a bajo. Los últimos días de trabajo suelen ser los peores. Alguien me empuja a ir a por un café. Con calor o sin calor, creo que es lo que necesito. Buenos días pues, y a darle a la tecla.
