Hacía tiempo que una imagen envuelta en humo, no me parecía tan mágica. Y eso que todos los domingos matinales pienso que la ley antitabaco se ha quedado corta. Pero ese recuerdo en blanco y negro, se me guardó en la patata.
Cuando alguien con una guitarra, un cigarrillo y su voz, puede llegar a erizar un solo pelo de tu cuerpo y ponerlo rozando el techo, se crea algo indestructible. Desde ese momento, ya ha valido la pena, el cansancio, la jumela, y la locura de ir a Salamanca a ver a un yonki reformado.
Hay gente que odia los conciertos. Demasiada gente, demasiado ruido. A mi me encantan. Sobre todo cuando el cantante, deja de ser cantante, para convertirse en colega.
Por eso, mientras me aguanten los huesos, mil millones de conciertos más, con sus buenas noches, y buenos días.
Cuando alguien con una guitarra, un cigarrillo y su voz, puede llegar a erizar un solo pelo de tu cuerpo y ponerlo rozando el techo, se crea algo indestructible. Desde ese momento, ya ha valido la pena, el cansancio, la jumela, y la locura de ir a Salamanca a ver a un yonki reformado.
Hay gente que odia los conciertos. Demasiada gente, demasiado ruido. A mi me encantan. Sobre todo cuando el cantante, deja de ser cantante, para convertirse en colega.
Por eso, mientras me aguanten los huesos, mil millones de conciertos más, con sus buenas noches, y buenos días.

1 Comments:
Apasionante... a tu lado, Ana de las Tejas Verdes es un thriller.
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