Odio el puto sonido del despertador. Pero odio mucho más el sonido del despertador de Fels. En general, cualquier sonido que pueda identificar con la interrupción de un sueño dulce y plácido.
Recuerdo cuando en tiempos, me despertaba con la radio. Pegaba un bote que me enganchaba en la lámpara. Pero cuando me acostumbraba, a la voz del locutor, a los anuncios, musiquilla y demás, me sobaba sin posibilidad de espabilarme.
Ante mi somnolencia mañanil, la gente empezó a regalarme despertadores. Los tengo de todo tipo. Recuerdo cuando mi hermano me prohibió utilizar uno que parecía una alarma de bomberos. La verdad es que era eficaz, conmigo y con el vecindario.
Luego llegó el móvil. Eran aquellos días en los que los teléfonos eran tontos. Sólo servían para llamar. No tenían cámara, la pantalla era verde, y no nos fiábamos por si a caso se terminaba la batería por la noche. Así que yo me ponía dos alarmas. La del móvil o la de un superacojonante reloj que me regaló mi cuñado. Este superacojonantereloj era más listo que todos los móviles 3G que han inventado hasta ahora. No hacía falta ni cambiarle la hora. La pillaba por medio de un meridiano, que pillaba un satélite, que daba la vuelta a la tierra, que manejaba un marciano y llegaba a mi reloj de mesa. Lástima que el pobre quisiera hacer un viaje espacial. Bueno, o al menos eso me contó mi sobrino, cuando lo lanzó fuera de órbita...
Ahora me despierto con ritmo latino. Tin tintiri tintintiririri... Confío más en los móviles. Supongo que he comprobado que si el mío no suena, ya sonará el de fels cicuenta veces para despertarme.
Recuerdo cuando en tiempos, me despertaba con la radio. Pegaba un bote que me enganchaba en la lámpara. Pero cuando me acostumbraba, a la voz del locutor, a los anuncios, musiquilla y demás, me sobaba sin posibilidad de espabilarme.
Ante mi somnolencia mañanil, la gente empezó a regalarme despertadores. Los tengo de todo tipo. Recuerdo cuando mi hermano me prohibió utilizar uno que parecía una alarma de bomberos. La verdad es que era eficaz, conmigo y con el vecindario.
Luego llegó el móvil. Eran aquellos días en los que los teléfonos eran tontos. Sólo servían para llamar. No tenían cámara, la pantalla era verde, y no nos fiábamos por si a caso se terminaba la batería por la noche. Así que yo me ponía dos alarmas. La del móvil o la de un superacojonante reloj que me regaló mi cuñado. Este superacojonantereloj era más listo que todos los móviles 3G que han inventado hasta ahora. No hacía falta ni cambiarle la hora. La pillaba por medio de un meridiano, que pillaba un satélite, que daba la vuelta a la tierra, que manejaba un marciano y llegaba a mi reloj de mesa. Lástima que el pobre quisiera hacer un viaje espacial. Bueno, o al menos eso me contó mi sobrino, cuando lo lanzó fuera de órbita...
Ahora me despierto con ritmo latino. Tin tintiri tintintiririri... Confío más en los móviles. Supongo que he comprobado que si el mío no suena, ya sonará el de fels cicuenta veces para despertarme.

2 Comments:
A mí es que el despertador no me despierta. Duermo muy poco por las noches, tres o cuatro horas como mucho, y paso el resto del tiempo descansando pero no durmiendo. Así que el despertador sólo me recuerda que me tengo que levantar, pero no me despierta.
Y de hecho, si estoy durmiendo "de verdad" el despertador no lo escucho, todo un problema cuando sales de noche, te acuestas tarde y tienes que ir a trabajar...
No te metas con Fels, que es muy bueno y dulce.
Publicar un comentario
<< Home