jueves, septiembre 07, 2006


Ya sabéis que no soy una fulana con la lágrima fácil, de esas que se quejan sólo por vicio. Creo que nos sobran los motivos para ir a un concierto del mago de la retórica. Pero digamos que ayer estábamos todos: Nietos de toreros disfrazados de ciclistas, ediles socialistas, putones verbeneros...
No faltaba ni "tú", ni la puñetera madre de nadie. Mi cabeza me repetía, como te has dejado llevar a un callejón sin salida. Y mi parte bipolar gritaba ¡no es asunto tuyo -me dirás- y punto!. Meneada por las masas, con 7 hermanos siameses a mi alrededor, quería mudarme al barrio de la alegría, o al ecuador, que seguro que correría más el aire. Pero cuando la vida es un metro a punto de partir, y lo único que quieres es que un vagón te atropelle, lo mejor es firmar un pacto entre caballeros.
Así pues, intenté disfrutar del concierto, y nos dieron las 10, y las 11, las 12, la 1, las 2 y casi las 3... y llegué a la conclusión, de que mi amor por Sabina no es civilizado...
Y a pesar de todo, sin embargo, le quiero.