martes, mayo 30, 2006

Estoy envenenada. Pero esta vez no es por mi mala leche, tranquilos. Es por la mierda de los mosquitos mutantes que han sobrevivido a la obra de la M-30. Son una especie más fuerte. Están psicológicamente afectados por la muerte de sus familiares y amigos, además de la eliminación de su ecosistema natural. Este invierno se alimentaban a base de cemento y gravilla. Tienen una segunda piel hecha a base de polvo. Es como de hormigón armado.
Ahora han despertado del letargo. Tienen sed de venganza. Ansían picar y picar. Yo los sufro, pero no en silencio. Por las noches, mantengo una lucha a base de mecawenenlaputa y cabronacosmorid. Hasta hora no ha dado ningún fruto. Pero hoy voy a por el killpaf. Lo que me acojona es pensar que puedan tomárselo como si fuese incienso. Me imagino a los mosquitos con turbante fumándose el veneno.
Ya podría vivir Gallardón en mi barrio... porque os juro, que me uno con los mosquitos.