jueves, junio 10, 2010

Si algo bueno tienen los funerales, es que te juntas con la familia. Ayer vi a primos que hacía 15 años que no veía. Y no sabéis qué alegrón. Ellos son mi infancia en verano. Mis primeras caídas en bicicleta, los bocatas de nocilla con el pan de chicle levantino, el autocine, la mecromina (mercromina) y el mounstro Vergel. Cada verano soñaba con llegar a una cueva llena de juguetes que había en el fondo del mar. Pero mi padre y mi tío Antonino iban por mí y me traían alguna cosita si me había portado bien. Eso sí, nunca trajeron la bicicleta que les pedía. Venga a decirme que la puñetera cueva estaba llena de bicicletas y cada vez que cogían una, se les caía por el camino...
Me hizo una ilusión enorme, volver a vernos. Y pensé, coño estos funerales sí que molan. Seguro que la loca de la tía Feli, se puso la mar de contenta de vernos a todos allí. Me la imagino comiéndose una bolsa de magdalenas y disfrutando del percal.
Así que, ayer se lo dije a mi madre, pero hoy os lo digo a vosotros: si yo me muero antes, ni se os ocurra hacerme una misa pq me levantaré de mi tumba y os llevaré a todos conmigo. Iros de cañas hombre! Os vestís todos de negro y recordáis las lauradas. Pero os juro que como me pongáis un coro opusiano, la venganza será terrible.
Después de haber expresado mi última voluntad, buenos días a todos. Que la paz sea con vosotros y vuestro espíritu... levantemos el codo :)