lunes, septiembre 25, 2006

Después de visitar una ciudad como Trujillo, la paz reina en mí. A pesar de no haber empezado muy bien el día, tengo algo bonito en lo que pensar.
Las cosas en mi curro están que trinan. Es el momento de centrarse y hacer mi trabajo lo mejor posible. Sé que me voy a pirar de aquí. Cada día ese presentimiento cobra mayor magnitud. Lo único que me interesa es aprender al máximo, sin enfados, ni leches agrias que me amarguen la mañana. Disfrutar de nuestras conversaciones gasometrianas. Esas cañas con alguien que son más que simples compañeros. Del horario que tengo que me permite vivir y muy bien. De mis jefes que son de puta madre. Y de este breve espacio en la mañana, que se parece mucho a un fin de semana en Trujillo.